miércoles, 4 de mayo de 2011

El castigo en castellano

El castigo (695-702)

Tanto distaban de lo alto cuanto de una vez marchar una saeta

enviada puede: volvieron sus ojos y sumergido en una laguna

todo lo demás contemplan, que sólo sus techos quedan;

y mientras de ello se admiran, mientras lloran los hados de los suyos,

aquella vieja, para sus dueños dos incluso cabaña pequeña,

se convierte en un templo: las horquillas las sustituyeron columnas,

las pajas se doran, y de oro cubiertos los techos parecen.

y cinceladas las puertas, y cubierta de mármol la tierra.

La cena en castellano

La cena (684-687 a, 688b-694)

Un único ganso había, custodia de la mínima villa,

el cual, para los dioses sus huéspedes los dueños a sacrificar se aprestaban.

Él, rápido de ala, a ellos, lentos por su edad, fatiga,

y los elude largo tiempo: los dioses impidieron que se le matara

y: «Dioses somos, y sus merecidos castigos pagará esta vecindad

impía», dijeron; “a vosotros inmunes de este

mal ser se dará , solamente abandonad vuestras casas

y acompañad nuestros pasos y a lo alto del monte

marchad a la vez». Obedecen ambos, y con sus bastones aliviados

se afanan por sus plantas poner en la larga cuesta.

Filemón y Baucis en castellano

Pero la piadosa anciana Baucis y de pareja edad Filemón
en ella se unieron en sus años juveniles, en aquella
cabaña envejecieron y su pobreza confesando
la hicieron leve, y no soportándola con inicua mente.
Toda la casa dos son, los mismos obedecen y mandan.

Así pues, cuando los celestiales esos pequeños penates tocaron

y bajada la cabeza entraron en esas humildes puertas,

sus miembros el anciano, poniéndoles un asiento, les mandó aliviar,

Mientras tanto las intermedias horas burlan con sus conversaciones

Se recostaron los dioses. La mesa, remangada y temblorosa

la anciana, la pone, pero de la mesa era el pie tercero dispar:

una teja par lo hizo; la cual, después que a él sometida su inclinación

sostuvo, igualada, unas mentas verdeantes la limpiaron.

Júpiter y Hermes en castellano

Júpiter y Hermes (616-630)

Quedaron todos pasmados y tales palabras no aprobaron
y por delante de todos Lélex, maduro de espíritu y de edad,
dice así: "inmenso es y límite el poderío del cielo
no tiene, y cualquier cosa que los dioses desearon, se realizó;
y ,para que menos dudes, a un tilo colindante, una encina
en las colinas frigias hay, rodeada por un mediano muro;
yo mismo el lugar vi; pues a mí a los pelopeos campos Piteo
envió, por su padre un día gobernados.
No lejos de aquí un pantano hay, tierra habitable en otro tiempo,
ahora, aguas célebres por sus mergos y fochas palustres.
Júpiter aquí, con aspecto mortal, y con su padre
vino el Atlantíada portador del caduceo, dejadas sus alas.
A mil casas acudieron, lugar y descanso pidiendo,
mil casas cerraron sus trancas; aun así una los recibió,
pequeña, ciertamente, de varas y caña palustre cubierta,

La leyenda de Filemón y Baucis

(Acomodado de OVIDIO, Metamorf. 8, 611-724)

En unas lomas de Frigia hay un terreno pantanoso, que en tiempos fue zona habitable. Allí se presentó, como simple hombre, Júpiter, acompañado de Mercurio. Buscando alojamiento se dirigieron a numerosas casas y todas se les cerraron. Sólo en una, que era bastante humilde, los recibieron la anciana Baucis y su marido Filemón. En ella habían pasado juntos sus años jóvenes y en ella habían envejecido compartiendo sin amargura sus escasos recursos.

Cuando los dioses entraron en la cabaña, el viejo les ofreció asiento y Baucis reavivó el fuego y puso a cocer un repollo, traído de su huerto, y Filemón un trozo de lomo curado. Charlan con ellos para aliviar la espera, les preparan un baño rústico en una artesa y un sencillo lecho para reclinarse a comer. La anciana dispone la mesa, que hubo que calzar, pues desnivelaba un poco, y les sirve aceitunas y cerezas silvestres, y achicorias y rábano y requesón y huevos poco cocidos, todo en cacharros de arcilla. Además de comida caliente y un vino de la tierra, les ofrecen nueces, uvas, manzanas, miel y caras amables y buena voluntad.

En esto ven que el recipiente del que se saca la bebida se vuelve él sólo a llenar y sube de nivel. Atónitos Filemón y Baucis ruegan, suplicantes, que les disculpen por la pobreza del servicio.

El único ganso que tenían se disponen a sacrificarlo para agasajar a sus huéspedes. El animal, escapando de ellos, se refugia junto a los dioses, que prohíben que se lo mate. "Somos dioses, dicen, y la gente impía de esta zona va a recibir su castigo. Dejad vuestra cabaña y acompañadnos a lo alto del monte". Obedecen los ancianos y con dificultad suben por la pendiente. Vuelven la vista atrás: toda la zona ha quedado cubierta de agua, excepto su cabaña, que se va convirtiendo en un templo, sus puntales en columnas, su techo de paja en tejado de oro, con puertas esculpidas y piso de mármol.

Habló entonces Júpiter: "Decidnos, justo anciano y mujer digna de un hombre justo, qué deseáis". Tras hablar brevemente entre ellos, dijo Filemón: "Pedimos ser sacerdotes de ese vuestro templo y que, como hemos vivido en armonía todos nuestros años, salgamos de esta vida juntos, que ninguno tenga que enterrar al otro".

Sus votos se cumplieron: mientras vivieron, cuidaron del templo. Cuando ya muy ancianos charlaban delante de la escalinata, vio Baucis que a Filemón le iban saliendo hojas y Filemón vio que le salían a Baucis. Mientras la vegetación invadía sus cuerpos tuvieron ocasión de decirse adiós antes de que la corteza cubriera sus rostros. Todavía los naturales del país pueden mostrar un árbol con dos troncos gemelos.

Esto me contaron unos ancianos (y no tenían motivo para engañarme). Yo mismo vi guirnaldas pendientes de sus ramas y yo mismo puse otras diciendo: "Sean dioses los que así fueron tratados por los dioses y sean honrados con culto los que culto rindieron".

sábado, 26 de febrero de 2011

Texto en latín selectividad

Júpiter y Hermes (616-630)

Obstipuere omnes nec talia dicta probarunt, 616

ante omnesque Lelex animo maturus et aevo,

sic ait: “inmensa est finemque potentia caeli
non habet, et quicquid superi voluere, peractum est,
quoque minus dubites, tiliae contermina quercus 620
collibus est Phrygiis modico circumdata muro;
ipse locum vidi; nam me Pelopeia Pittheus
misit in arva suo quondam regnata parenti.
Haud procul hinc stagnum est, tellus habitabilis olim,
nunc celebres mergis fulicisque palustribus undae; 625
Iuppiter huc specie mortali cumque parente
venit Atlantiades positis caducifer alis.
Mille domos adiere locum requiemque petentes,
mille domos clausere serae; tamen una recepit,
parva quidem, stipulis et canna tecta palustri, 630

Filemón y Baucis (631-634, 636-639, 651, 655-663)

Sed pia Baucis anus parilique aetate Philemon
illa sunt annis iuncti iuvenalibus, illa
consenuere casa paupertatemque fatendo
effecere levem nec iniqua mente ferendo; 634
tota domus duo sunt, idem parentque iubentque. 636
Ergo ubi caelicolae parvos tetigere penates
summissoque humiles intrarunt vertice postes,
membra senex posito iussit relevare sedili; 639
interea medias fallunt sermonibus horas 651
concutiuntque torum de molli fluminis ulva 655
inpositum lecto sponda pedibusque salignis.
vestibus hunc velant, quas non nisi tempore festo
sternere consuerant, sed et haec vilisque vetusque
vestis erat, lecto non indignanda saligno.
Adcubuere dei. Mensam succincta tremensque 660
ponit anus, mensae sed erat pes tertius impar:
testa parem fecit; quae postquam subdita clivum
sustulit, aequatam mentae tersere virentes.

La cena (684-687a, 688b-694)

Unicus anser erat, minimae custodia villae: 684
quem dis hospitibus domini mactare parabant; 685
ille celer penna tardos aetate fatigat
eluditque diu: superi vetuere necari. 687-688
“di” que “sumus, meritasque luet vicinia poenas
inpia” dixerunt; “vobis inmunibus huius 690
esse mali dabitur; modo vestra relinquite tecta
ac nostros comitate gradus et in ardua montis
ite simul!” parent ambo baculisque levati
nituntur longo vestigia ponere clivo.

El castigo (695-702)

Tantum aberant summo, quantum semel ire sagitta 695
missa potest: flexere oculos et mersa palude
cetera prospiciunt, tantum sua tecta manere,
dumque ea mirantur, dum deflent fata suorum,
illa vetus dominis etiam casa parva duobus
vertitur in templum: furcas subiere columnae, 700
stramina flavescunt aurataque tecta videntur
caelataeque fores adopertaque marmore tellus.

La recompensa (703-720)

Talia tum placido Saturnius edidit ore:
”dicite, iuste senex et femina coniuge iusto
digna, quod optatis.” cum Baucide pauca locutus 705
iudicium superis aperit commune Philemon:
”esse sacerdotes delubraque vestra tueri
poscimus, et quoniam concordes egimus annos,
auferat hora duos eadem, nec coniugis umquam
busta meae videam, neu sim tumulandus ab illa.” 710
Vota fides sequitur: templi tutela fuere,
donec vita data est; annis aevoque soluti
ante gradus sacros cum starent forte locique
narrarent casus, frondere Philemona Baucis,
Baucida conspexit senior frondere Philemon. 715
iamque super geminos crescente cacumine vultus
mutua, dum licuit, reddebant dicta "vale" que
"o coniunx" dixere simul, simul abdita texit
ora frutex: ostendit adhuc Thyneius illic

incola de gemino vicinos corpore truncos.” 720




martes, 10 de marzo de 2009

La leyenda de Filemón y Baucis

(Acomodado de OVIDIO, Metamorf. 8, 611-724)

En unas lomas de Frigia hay un terreno pantanoso, que en tiempos fue zona habitable. Allí se presentó, como simple hombre, Júpiter, acompañado de Mercurio. Buscando alojamiento se dirigieron a numerosas casas y todas se les cerraron. Sólo en una, que era bastante humilde, los recibieron la anciana Baucis y su marido Filemón. En ella habían pasado juntos sus años jóvenes y en ella habían envejecido compartiendo sin amargura sus escasos recursos.

Cuando los dioses entraron en la cabaña, el viejo les ofreció asiento y Baucis reavivó el fuego y puso a cocer un repollo, traído de su huerto, y Filemón un trozo de lomo curado. Charlan con ellos para aliviar la espera, les preparan un baño rústico en una artesa y un sencillo lecho para reclinarse a comer. La anciana dispone la mesa, que hubo que calzar, pues desnivelaba un poco, y les sirve aceitunas y cerezas silvestres, y achicorias y rábano y requesón y huevos poco cocidos, todo en cacharros de arcilla. Además de comida caliente y un vino de la tierra, les ofrecen nueces, uvas, manzanas, miel y caras amables y buena voluntad.

En esto ven que el recipiente del que se saca la bebida se vuelve él sólo a llenar y sube de nivel. Atónitos Filemón y Baucis ruegan, suplicantes, que les disculpen por la pobreza del servicio.

El único ganso que tenían se disponen a sacrificarlo para agasajar a sus huéspedes. El animal, escapando de ellos, se refugia junto a los dioses, que prohíben que se lo mate. "Somos dioses, dicen, y la gente impía de esta zona va a recibir su castigo. Dejad vuestra cabaña y acompañadnos a lo alto del monte". Obedecen los ancianos y con dificultad suben por la pendiente. Vuelven la vista atrás: toda la zona ha quedado cubierta de agua, excepto su cabaña, que se va convirtiendo en un templo, sus puntales en columnas, su techo de paja en tejado de oro, con puertas esculpidas y piso de mármol.

Habló entonces Júpiter: "Decidnos, justo anciano y mujer digna de un hombre justo, qué deseáis". Tras hablar brevemente entre ellos, dijo Filemón: "Pedimos ser sacerdotes de ese vuestro templo y que, como hemos vivido en armonía todos nuestros años, salgamos de esta vida juntos, que ninguno tenga que enterrar al otro".

Sus votos se cumplieron: mientras vivieron, cuidaron del templo. Cuando ya muy ancianos charlaban delante de la escalinata, vio Baucis que a Filemón le iban saliendo hojas y Filemón vio que le salían a Baucis. Mientras la vegetación invadía sus cuerpos tuvieron ocasión de decirse adiós antes de que la corteza cubriera sus rostros. Todavía los naturales del país pueden mostrar un árbol con dos troncos gemelos.

Esto me contaron unos ancianos (y no tenían motivo para engañarme). Yo mismo vi guirnaldas pendientes de sus ramas y yo mismo puse otras diciendo: "Sean dioses los que así fueron tratados por los dioses y sean honrados con culto los que culto rindieron".