martes, 10 de marzo de 2009

La leyenda de Filemón y Baucis

(Acomodado de OVIDIO, Metamorf. 8, 611-724)

En unas lomas de Frigia hay un terreno pantanoso, que en tiempos fue zona habitable. Allí se presentó, como simple hombre, Júpiter, acompañado de Mercurio. Buscando alojamiento se dirigieron a numerosas casas y todas se les cerraron. Sólo en una, que era bastante humilde, los recibieron la anciana Baucis y su marido Filemón. En ella habían pasado juntos sus años jóvenes y en ella habían envejecido compartiendo sin amargura sus escasos recursos.

Cuando los dioses entraron en la cabaña, el viejo les ofreció asiento y Baucis reavivó el fuego y puso a cocer un repollo, traído de su huerto, y Filemón un trozo de lomo curado. Charlan con ellos para aliviar la espera, les preparan un baño rústico en una artesa y un sencillo lecho para reclinarse a comer. La anciana dispone la mesa, que hubo que calzar, pues desnivelaba un poco, y les sirve aceitunas y cerezas silvestres, y achicorias y rábano y requesón y huevos poco cocidos, todo en cacharros de arcilla. Además de comida caliente y un vino de la tierra, les ofrecen nueces, uvas, manzanas, miel y caras amables y buena voluntad.

En esto ven que el recipiente del que se saca la bebida se vuelve él sólo a llenar y sube de nivel. Atónitos Filemón y Baucis ruegan, suplicantes, que les disculpen por la pobreza del servicio.

El único ganso que tenían se disponen a sacrificarlo para agasajar a sus huéspedes. El animal, escapando de ellos, se refugia junto a los dioses, que prohíben que se lo mate. "Somos dioses, dicen, y la gente impía de esta zona va a recibir su castigo. Dejad vuestra cabaña y acompañadnos a lo alto del monte". Obedecen los ancianos y con dificultad suben por la pendiente. Vuelven la vista atrás: toda la zona ha quedado cubierta de agua, excepto su cabaña, que se va convirtiendo en un templo, sus puntales en columnas, su techo de paja en tejado de oro, con puertas esculpidas y piso de mármol.

Habló entonces Júpiter: "Decidnos, justo anciano y mujer digna de un hombre justo, qué deseáis". Tras hablar brevemente entre ellos, dijo Filemón: "Pedimos ser sacerdotes de ese vuestro templo y que, como hemos vivido en armonía todos nuestros años, salgamos de esta vida juntos, que ninguno tenga que enterrar al otro".

Sus votos se cumplieron: mientras vivieron, cuidaron del templo. Cuando ya muy ancianos charlaban delante de la escalinata, vio Baucis que a Filemón le iban saliendo hojas y Filemón vio que le salían a Baucis. Mientras la vegetación invadía sus cuerpos tuvieron ocasión de decirse adiós antes de que la corteza cubriera sus rostros. Todavía los naturales del país pueden mostrar un árbol con dos troncos gemelos.

Esto me contaron unos ancianos (y no tenían motivo para engañarme). Yo mismo vi guirnaldas pendientes de sus ramas y yo mismo puse otras diciendo: "Sean dioses los que así fueron tratados por los dioses y sean honrados con culto los que culto rindieron".

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